El viento ha dejado de soplar. Apenas se oye el murmullo de la vida salvaje y del movimiento de masas. No hace frío ni calor. Es un día neutro. Sigue caminando. Mira a las pocas personas que han decidido salir en tal día como es Hoy. Espera a que el semáforo indique que puede cruzar. La espera se hace larga, así que decide sacar el móvil para mirar la hora. Lo guarda. No se acuerda de qué hora es. Cuando está a punto de volverlo a coger se da cuenta de que el semáforo se ha puesto en verde. Ya puede cruzar.
Una vez en la otra acera, se detiene en el primer escaparate que encuentra y lo mira fijamente. La gente pasa a su lado y da golpes contra sí para poder pasar por aquella estrecha acera que ha sido bloqueada. Se gira y mira otra vez el semáforo. Sigue en verde. Así que como no tiene nada mejor que hacer, vuelve a cruzar. Y así consecutivamente. Hasta que por fin se ha puesto a parpadear. La persona empeñada, hace un último esfuerzo y caminando con la mayor tranquilidad del planeta, consigue pasar antes de que se ponga en pausa.
El individuo despistado, no se da cuenta de que ya se le ha hecho tarde. Con tanto avanzar ha atrasado pasos. Espera de nuevo y vuelve a ponerse en marcha. Su mochila vibra y se detiene a coger el móvil ahora en el fondo. Lo coge, un mensaje de un número desconocido. En él pone: "En el siguiente paso de peatones pasa con los ojos cerrados. No los abras en ningún momento." Llega al bordillo de la acera. Y hace lo que el misterioso del sms le ha dicho. Se tapa los ojos y cuando cree, con miedo, temblando por sus débiles rodillas presas del pánico. Desliza sus pies y avanza.
Suspira en cuanto pisa la otra acera. Con el percance de que casi se cae.
Le llega otro mensaje: "Muy bien. Puedo confirmar que eres una persona valiente." La persona, extrañada contesta y dice: "Lo que he hecho casi termina con mi vida". A los segundos - "Pero lo has intentado, una persona valiente es aquella que a pesar del dolor pasa por enfrente sonriendo. Que a pesar de llevar los ojos, tapados como ha sido tu caso, consigue someterse a una prueba vital de la vida." Se hace una pregunta, pero de estás que sólo tú oyes. "¿Y cuál es?" Y como si de magia se tratase, pasa alguien a su lado y responde: La de la madurez.

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